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actualidad, Teatro

H A M L E T


hamlet

(. . .)

HAMLET

Esa calavera tenía lengua y podía en otro tiempo cantar. ¡Cómo la tira contra el suelo ese bribón, como si fuera la quijada con que Caín cometió el primer asesinato!… Y la que está manoseando ahora ese bruto acaso sea la cholla de un político, de un intrigante que pretendía engañar al mismo Dios. ¿No es posible?

(…)

Cuando vas al teatro sabiendo que te esperan más de dos horas y media viendo una obra que conoces, piensas: ¿será esta versión un tostonazo? Yo me hacía esta pregunta pero según pasaban los minutos menos pensaba en el tiempo transcurrido.

A mi me gustó mucho este HAMLET pero os dejo impresiones encontradas en diversos “medios”.

Miguel del Arco no ha realizado en «Hamlet», como ha hecho con otros textos clásicos, una reescritura, aunque reconoce que ha desestructurado el primer acto. Se oye pues, tal cual, la más célebre frase de la historia del teatro con esta traducción: «Ser o no ser, esa es la cuestión». «Me siento totalmente liberado en esta escena -tercia Elejalde-; todo el mundo sabe cómo hay que decirla, y sé que la diga como la diga habrá quien diga que lo hago mal». (ABC)

Del Arco convierte la gran tragedia del Bardo en “puro espacio mental“. Ese “ponte en mi lugar” que el contradictorio Hamlet le dice de Horacio. “Es un personaje que se te escapa de forma permanente. Este príncipe se protege, se escurre, se va. Es un personaje muy complicado, es “ese poema ilimitado”, como dice Horacio. Es un personaje poliédrico, que cambia de un acto a otro, que pasa de ser un chaval que ha perdido a su padre a ser un asesino, un humorista, un psicópata, un payaso y esto con todos los personajes a los que va contagiando en este arrebato para que todo deje de ser reflexión y se convierta en acción”, explica Del Arco. (EL CONFIDENCIAL)

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En piezas tan sobradamente puestas en escena como esta (¿No debería la Compañía Nacional de Teatro Clásico ceñirse a representar títulos auriseculares y, en su caso, títulos extranjeros poco frecuentados?) las comparaciones son inevitables: a pesar de la buena factura de las interpretaciones y del montaje, eché de menos la emoción que despertaban algunas escenas (el abrazo del hijo con el fantasma paterno) en el montaje de Brook. No así el público del estreno, que ofreció al final muestras claras de entusiasmo. ( EL PAIS)

En fin, hay opiniones para todos los gustos y está todo vendido desde antes del estreno; pero en mi humilde opinión este Hamlet dista de ser memorable, y se queda en un espectáculo agradable salvado sobre todo por la brillantez del elenco actoral. El acercamiento a la obra es bastante discutible, una parte del clásico se queda por el camino –aquí ya no huele a podrido en Dinamarca- y, sobre todo –lo diré una vez más- no aporta nada nuevo. Y a Miguel del Arco hay que pedirle la excelencia, porque sabemos que nos la puede dar; pero no se puede acertar siempre. No es, ni mucho menos, un desastre, pero personalmente esperaba mucho –pero mucho- más viniendo de quien viene. (BUTACA EN ANFITEATRO)

Cientos, quizás miles, de versiones y montajes diferentes a lo largo de siglos y a lo ancho del mundo han ido enriqueciendo los valores del drama de William Shakespeare hasta convertirlo en la pieza soberana del teatro universal. Miguel del Arco aporta ahora una más: respetuosa, coherente, válida. Una puesta en escena fantástica y bella para una reescritura actual que un reparto afinado reafirma como ese monumento teatral imperecedero que es: 160 minutos ininterrumpidos de intensidad plena. Sobresaliente. (PERIODISTA DIGITAL)

La puesta en escena rema a favor. Hay mucha iluminación lateral y a ras del suelo, siempre luz blanca, que proyecta sombras en los rostros y acentúa los rasgos tenebristas que necesita la tragedia. Vestuario en negros, a excepción del momento de locura de Ofelia, con su chirriante vestido rojo (puesta en escena muy “british”, quizá inspirada en el Macbeth de Cheek by Jowl de 2010). Las proyecciones –nieve, fuegos de artificio, oleaje…– nos recuerdan el atormentado cerebro de Hamlet, que morirá pisando tierra, después de que en otro momento memorable del montaje desciende lentamente el techo y la cama se convierte en sepultura. Teatro de muchos kilates. (Diario de Noticias)

Su adaptación será publicada por la CNTC en la misma colección que deja constancia gráfica de los montajes de la compañía. “Se trata de una adaptación libre, no pensada para que ocupe un lugar entre las numerosísimas traducciones al castellano de Hamlet; es una adaptación para nuestra puesta en escena“. (EL MUNDO)

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REPARTO:

Israel Ejalde

Ángela Cremonte

Cristóbal Suárez

José Luis Martínez

Daniel Freire

Jorge Kent

Ana Wagener

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